Un vistazo accesible a la primera investigación científica sobre el "unmasking" (desenmascaramiento) en personas autistas.
Para empezar: ¿qué es el "masking"?
Seguro lo has visto en tus hijos o en personas autistas que conocés: aprender a "actuar normal" para encajar. Forzar contacto visual, copiar gestos ajenos, memorizar guiones de conversación, o esconder movimientos de autorregulación (como el stimming) para no llamar la atención.
Eso se llama masking o camuflaje: una estrategia de supervivencia social que muchas personas autistas desarrollan desde muy pequeñas, muchas veces sin darse cuenta, para evitar el rechazo, el bullying o el estigma.
El problema es que sostener esa máscara todo el día tiene un costo enorme: agotamiento, ansiedad, depresión, y hasta pérdida de la propia identidad. La ciencia ya lo venía documentando desde hace años.
Lo nuevo: ¿qué pasa cuando alguien decide quitarse la máscara?
Un estudio publicado este mes en el Journal of Autism and Developmental Disorders (una de las revistas más importantes del área) es el primero en investigar formalmente el fenómeno contrario: el "unmasking", es decir, el esfuerzo consciente y deliberado de dejar de camuflarse y empezar a mostrarse tal cual se es.
La investigadora Deanna Durben (Universidad de Maryland) combinó dos estudios:
- 14 entrevistas profundas con estudiantes universitarios autistas
- 214 encuestas a estudiantes autistas de todo Estados Unidos
Y encontró algo muy revelador.
Lo que descubrió
1. El desenmascaramiento ya es parte de la conversación. Casi 7 de cada 10 encuestados ya habían oído hablar de "unmasking" (sobre todo por redes sociales), y más de la mitad ya lo había intentado.
2. No es lo mismo para todos. Algunos lo describieron como algo casi liberador: apenas se dieron permiso a sí mismos, sintieron que ese era su estado natural. Otros lo vivieron como un proceso lento y difícil, quitando capas del "personaje" poco a poco. Y para casi la mitad, simplemente no sabían cómo hacerlo: la máscara estaba tan interiorizada que ya no distinguían dónde terminaba el personaje y dónde empezaba su verdadero yo.
3. Duele quitársela, pero también duele mantenerla. Cuando lograban desenmascararse, sentían un alivio real: menos tensión, más autenticidad. Pero el proceso también traía miedo: temor al rechazo, a que los amigos o compañeros de trabajo los vieran distinto. Por eso muchos se mantenían en alerta constante, listos para "volver a ponerse la máscara" ante la primera señal negativa.
4. La familia es clave — para bien o para mal. Este es quizás el hallazgo más importante para quienes trabajamos con familias: desenmascararse frente a la familia fue el único factor que predijo, de forma consistente, menos ansiedad y menos depresión, incluso controlando el nivel general de camuflaje de la persona. En cambio, sentirse forzado a seguir actuando "normal" incluso en casa —algo que varios entrevistados relataron sobre sus propios padres— dejaba huellas profundas: dificultad para relajarse en familia, incluso ya de adultos.
5. Rodearse de otras personas autistas ayuda muchísimo. Ver a un amigo "actuar raro" y ser aceptado igual funcionaba como un permiso silencioso: "si él puede, yo también puedo". El apoyo mutuo entre pares autistas apareció una y otra vez como el ingrediente que hacía posible bajar la guardia.
¿Por qué esto importa para nosotros como padres/madres y profesionales?
Aunque el estudio se hizo con jóvenes universitarios (18-26 años), sus hallazgos apuntan directamente a algo que sí podemos influir desde la infancia:
- El hogar puede ser el primer lugar seguro para no enmascarar. Si un niño o niña siente que en casa también debe "portarse normal" todo el tiempo, esa presión puede acompañarlo hasta la adultez.
- Aceptar los rasgos autistas (stims, intereses intensos, formas distintas de socializar) en el día a día reduce, a largo plazo, ansiedad y depresión.
- No se trata de "corregir" cada comportamiento atípico, sino de generar espacios —en la familia, en la escuela, entre pares— donde no haga falta actuar un personaje para ser querido.
En una frase
Enmascararse ayuda a sobrevivir socialmente, pero cobra un precio alto en salud mental. La ciencia empieza a mostrar que aceptar, no corregir, es lo que realmente ayuda a las personas autistas a sostenerse bien a largo plazo — y todo empieza en casa.
Fuente: Durben, D. L. (2026). Unmasking: A Mixed-Methods Study of Autistic College Students' Efforts to Stop Masking/Camouflaging. Journal of Autism and Developmental Disorders. Artículo de acceso abierto.